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un nuevo año que termina y otro nuevito todo para estrenar
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rivera  -  livramento  30 de diciembre de 2009      revista digital derivera - edición  210  
desde hace 5 años llevando la frontera a todos en todas partes   

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Michel Croz opinión
La Naranja Mecánica y las felices fiestas
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or Michel Croz

Primer movimiento
Al personaje de la película de Stanley Kubrik se lo tortura con la novena sinfonía de Beethoven. El joven violento y criminal era un enamorado del genial sordo alemán. La paradoja se instala: lo que era un placer se vuelve sufrimiento para el joven Alex DeLarge en la piel del actor Malcolm McDowel.
A Clockwork Orange” (1971) es una película producida, escrita y dirigida por Stanley Kubrick, que la adaptó al cine a partir de la novela homónima de 1962 de Anthony Burgess.
En un distópico Londres futurista la película sigue los pasos de un joven carismático y psicopático delincuente llamado Alex DeLarge, cuyos principales intereses son la violación, la ultra-violencia y la música de Beethoven. Se caracteriza por sus imágenes violentas. El filme cuenta con una banda sonora compuesta principalmente por selecciones de música clásica y sintetizador Moog realizadas por Wendy Carlos (que según supe, era uruguayo).

El “tratamiento Ludovico" ( critica al método de “ajuste social” de los psicólogos conductistas Watson y Skinner), lo deja a Alex incapaz de ser violento (ni siquiera en defensa propia) y también incapaz de tocar a una mujer desnuda, pero, en un imprevisto efecto secundario, el tratamiento también lo hace incapaz de oír su pieza favorita de Beethoven, la Novena Sinfonía (fondo musical de uno de las películas que se proyectan en las sesiones del “tratamiento”).

Burgess desaprobaba el conductismo, llamando al libro más famoso de Skinner, “Beyond Freedom and Dignity” (“Más Allá de la Libertad y la Dignidad”), "uno de los libros más peligrosos jamás escrito". Aunque Watson concedía limitaciones al conductismo, Skinner argumentaba que la modificación de la conducta (aprender técnicas de recompensa sistemática y castigo) era la clave para un sociedad ideal.

El “tratamiento Ludovico” era la forma de modificación de conducta que los científicos le aplicaron a Alex, condicionándolo a asociar actos de violencia con malestar físico, previniéndolo de ser violento. La película incorpora una desconfianza al conductismo, enfocándose en la deshumanización y la paradoja de adaptar a un “individuo violento a una sociedad que es la generadora de muchas de las conductas de violencia”.

Segundo movimiento
Algo así me ocurre pensar-sentir, con las famosas felices fiestas de fin de año.
La navidad y el “revellion” fronterizo. La abrumadora violencia de las compras, del consumo que consume, del perdón compulsivo, de la andanada de regalos, de las cadenas de augurios hipócritas y adulones en pps, sms, etc y tal, de la alegría barata (aunque salga cara a la hora de pagar) y de tantísimas culpas y disculpas que jamás llegarán bajo la forma de verdadera reconciliación. Hay una especie de industria del perdón, en las felices fiestas patrocinadas por chupatintas, alacranes y mercaderes del templo (léase: medios de comunicación, empresarios y sacerdotes). Si, la fiesta de fin de, en nuestra sociedad se parece en algo, a esa perversa fiesta de los feroces bad boys que denuncian Burgess-Kubrick.

Creo entender la necesidad de los seres humanos en crear rituales y ceremonias para “desencontrarnos de la desesperación” (al decir de Artaud) y sentirnos algo más “buenos” de lo que somos durante el año (y excursionamos del shopping a las iglesias, del boteco a la tv).

Pero me niego a caer en  ese viejo lugar común de que “todo tiempo pasado fue mejor.” Como si ahora se viviera una época de maldad y en el pasado reinara oh! la suprema bondad. Eso es una estupidez. Sabemos que no se puede vivir con la nuca, que lo que pasó, pasó, y que en todo caso, lo que se renueva es el re-cuerdo (haciendo que el pasado se vuelva presente, habitado desde el “cuerdo” corazón).

El presente-cronos (vivificado por la historia y por lo que vendrá, el futuro), es lo único que tenemos. El tiempo es nuestro tesoro, lo único que no debemos hipotecar y lo único que no nos podrán expropiar: ni la sociedad de consumo, ni los amos del pensamiento único. El presente con todas sus contradicciones, incoherencias, desafíos y alegres esperanzas vibran y construyen nuestro tiempo/templo de utópicas realidades.

Tercer movimiento
¿Pero cómo finiquita “La Naranja Mecánica”? Sin capacidad de defenderse Alex, es desahuciado por sus padres, quienes no lo quieren en su casa. Desanimado deambula por Londres. Pronto encuentra a viejas víctimas y a dos policías (se trata de sus antiguos compinches) quienes lo reconocen, lo golpean y casi lo ahogan. Alex vaga por los bosques hasta llegar a la casa del escritor. Allí trata de “evaporarse”, saltando por una ventana, pero sobrevive.
Después de una larga recuperación en el hospital, Alex parece ser el de antes. En el hospital, el Ministro del Interior (quien antes le había seleccionado personalmente para el “tratamiento Ludovico”) lo visita, disculpándose por los efectos del tratamiento.
El gobierno le ofrece a Alex un trabajo muy bien remunerado si acepta apoyar la elección del partido político (conservador), cuya imagen pública se vio seriamente dañada por el intento de suicidio y el controvertido tratamiento (tortura) al que fue sometido.

Anticipando su regreso al estrago y segundos antes de volverse loco, Alex narra el final de la película: "Definitivamente, estaba curado", mientras se ve una fantasía surrealista de él mismo copulando con una mujer en la nieve, rodeado por damas y caballeros victorianos aplaudiéndole, mientras se puede escuchar el último movimiento de la Novena Sinfonía de Beethoven de fondo.

Final
No puedo dejar de felicitarnos por haber sobrevivido al año (aunque la vida no debería valer “la pena”, debería valer eso sí, “la gracia” y también “la desgracia” – en esa “mistura fina” que es nuestra existencia – pero nunca la pena). Cada uno sabrá como le fue y festejara las felices fiestas. Yo cierro el año escribiendo en esta mí revista derivera, atado a la fatalidad de la escritura, a la fatalidad del arte y del teatro y del trabajo social, maneras que nos dimos los introvertidos para caber en un mundo de extrovertidos y consumistas compulsivos.
Yo escribo para desatarme de mi locura (“de perto ninguem e normal” canta Caetano), justo en este loco mundo loco, hermoso y terrible mundo que nos toco gracias al destino, vivir.
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