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cuento
El vampiro
por Bruno Maximilliano |
Era mediados de marzo y sin embargo, aquel verano seguía intenso. Yo trabajaba de sereno nocturno en una antigua pensión. Todo empezó en una de mis guardias; eran casi las cuatro, todo estaba tranquilo. Miré hacia arriba y la belleza de luna llena me inspiró. Se me vinieron unas ganas enormes de caminar. Agarré mi linterna y mi cachiporra, por las dudas, y salí A varias cuadras de allí, descubrí que la caminata, no rutinaria, me había agotado. Me senté en el cordón de una vereda y me entretuve contando las estrellas. De pronto, cuando menos esperaba, se me hizo presente una silueta. Primero pensé que era un anciano, por lo arqueada que estaba su columna. Le di buenas noches, y no me contestó.
Cuando levantó su cabeza e hizo visible su cuerpo, no lo podía creer: era una criatura espantosa Nunca la había visto; su cara hinchada poseía dientes gigantescos que no cabían en su boca. Además, por su nariz, una vertiente de sangre corría inexorablemente. La piel de su tórax estaba parcialmente destrozada como una tela que se desgasta con el tiempo. Me paré mientras sentía las rápidas latidas de mi corazón. La criatura me miró fijamente a los ojos y rió una carcajada diabólica. El interior de su boca y el rojo intenso de sus ojos me dejaron con más miedo; deduje que los trozos de tela negra que lo cubrían podrían haber sido un traje, ya que en su cuello fue fácil percibir el cuello de una camisa blanca con el nudo de una corbata. Mi única respuesta fue una sonrisa, la cosa más cobarde que puede hacer un hombre al ver semejante cosa, si tal vez hubiese corrido, me consideraría más corajoso…a continuación, sentí un horrible dolor en el cuello: ¡era un vampiro!
Bruno Maximilliano, 16 años, estudiante y músico
Ilustración Marcelo da Luz
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